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Lero, lero, el PRI perdió, lero, lero... tres balazos y se acabó la burla.
Dudo mucho que Fructuoso, el hombre perredista que tuvo la osadía de burlarse del alcalde de San Pedro Totolapan por la derrota prísita, haya usado "Lero lero" al dirigirse al cacique.
Quizá en el júbilo de ser testigo de la debacle de ochenta años de priato oaxaqueño, le mentó la madre, quizá Fructuoso soñaba con el rostro humillado de Gerardo Jarquín, el alcalde asesino.
Tres balazos nos dan cuenta del México democrático que presume la televisión.
No me gusta como hablas y te mato. Ojalá quedará como hecho aislado, pero es moneda de cambio en Guerrero, en Oaxaca, en Chiapas, en Tamaulipas, en Sinaloa, en Nayarit, en Sonora, en Juárez, en Michoacán, en Celaya, en Veracruz... en todo el país.
Mientras Fructuoso deja a sus deudos extrañar su sentido del humor, en Nayarit la Marina confunde a unos jóvenes con sicarios y les dispara a matar, otra vida cobrada a manos de los heróes, otro civil que no debía nada y que jamás volverá a tomar cerveza y a escuchar música a alto volumen en su camioneta, el caro pecado de parecer sicario, no te cortes el pelo de tal forma, no conduzcas tal auto, no polarices tus vidrios ni tu música, finge ser autómata, mejor no ser nadie vivo a llamar la atención de malos modos, dicen.
Lero, lero, imagino a Calderón diciendo:
lero, lero, lero, lero
yo me voy, México se queda jodido, yo me voy, lero, lero, lero.
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