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Hace fío, debe de hacer frío en el norte, nada más lo imagino, quién sabe si pudiera vivirlo, no lo quiero, no lo invoco, pero sí lo imagino.
¿Cómo te subirán?, te gritan o te ubican o te señalan o te amenazan o te pegan, ¿lo sabrás; cuando te suben?, en unas horas quedas muerto, ¿duele?, ¿sientes algo, acaso?, ¿extrañas algo?, ¿te arrepientes o sabrás porqué?
Unos simplemente golpes y un tiro de gracia. ¿Qué sientes el instante mismo en que explota tu cerebro?
Otros, los decapitados, dicen que te miran y miran su cuerpo sin cabeza y ¿sienten?, ¿odian?
De verdad no lo quiero, ni lo invoco, ni lo deseo, pero sí lo imagino. Es imposible no imaginarlo cuando trabajas con tanta sangre en tu pantalla, cuando “ejecutado” se vuelve una palabra que se gasta, se seca y se evapora de tanto uso.
¿Qué se siente?
No habrá crónica, pues todos han muerto, no hay nota de los muertos, dejan de ser fuente para convertirse en frío. De verdad, no lo invoco, no lo quiero, pero lo imagino siempre, más cuando no puedo dormir.
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